Me tienen los ovarios por el piso las divorciadas cool.
Esas que hasta los cuarenta años te contaban que tenían el mejor marido del mundo y te hacían sentir tan desdichada. Faah, qué padre para sus hijos. Qué sostén para el hogar. Qué jardinero para la madreselva. Y, lo más importante de todo, qué amante para su esposa. Sí, porque el futuro ex era, antes de ser ex, un creativo sexual de la San Puta. Un tipo que viajaba por el mundo porque así lo requería su (cool) profesión y cuando volvía se encerraba con la futura divorciada durante tres días seguidos en la habitación para probar todas las perversiones que sabiamente había recogido allende los mares. Y al tipo no le faltaba nada, che. Que tríos, que cuartetos, que drogas, que objetos... La futura divorciada te narraba unas orgías que ni Sodoma y Gomorra bajo la dirección de Coppola (Guillermo): "Los chicos ya saben que cuando vuelve Jorge durante tres días no deben molestarnos". "Los vecinos a veces se quejan por los gritos que pegamos". "Tenemos un matrimonio amigo que siempre se prende a jugar con nuestras novedades".
Para colmo, la futura divorciada se esforzaba en especificar cuán dotado estaba Jorge... "no sabés, la tiene E-NOR-ME; cuando viene de viaje yo quedo toda dolorida y no puedo NI SENTARME porque este loco no me deja de coger ni un segundo". Claro, vos mirabas al petiso en cuestión y te costaba creer que en ese metro cincuenta y ocho estuviese contenido tamaño miembro viril... encima, el diagnóstico por rostro daba mal: el petiso aparte de petiso era fiero como un susto a la medianoche y tenía unos dientes saltones que parecían hechos para destazar un mandril precámbrico antes que para practicarle sexo oral a ninguna mujer. Sin embargo, sólo porque en el fondo sos una buena mina, vos le creías a tu amiga y no podías evitar cuando volvías a tu casa lanzar una mirada un tanto despectiva a tu pareja de turno que te cebaba unos mates amargos mientras miraban juntos el último capítulo de CSI Tronco Pozo.
La cosa es que la futura divorciada un día se divorcia, y de golpe y porrazo se descubre que el tipo éste que era el paradigma de lo maravilloso no ponía un mango en la casa, no le podía acertar con claridad a las fechas de cumpleaños de cada uno de los tres pendejos, hacía más de un año que no la tocaba ni con un chorro de soda y encima no era capaz de levantar una mísera caca de perro del patio de lajas. Qué sorete pasó, te preguntás vos. Y tu amiga hecha un mar de llanto te cuenta que su vida siempre fue un calvario, que encima él se puso como loco cuando descubrió que ella había tenido un par de relaciones casuales con dos compañeros de trabajo y que todo se había ido a la mierda porque su virilidad no lo había podido soportar.
Ahora bien, ¿adónde carajo quedó la supuesta posmodernidad parejil, con modalidad swinger e introducción de objetos electrónicos en diversos y simultáneos orificios? ¿Qué aconteció que llegada la hora de los bifes el marido perfecto y europeizado se desquició como lo hubiese hecho mi propio padre al descubrir la "indiscreción" de la esposa? ¿Qué pasó que ese glamoroso Sex&The City que habitaban terminó siendo de bajo presupuesto y protagonizado por actores bolivianos?
Oh, cuánto detesto a las divorciadas cool. Cuánto pescado podrido nos venden estas hijas de re mil putas. Después te dicen que ahora sí que son libres y que están disfrutando de la vida como nunca. Ahí andan las muy forras, haciéndose tatuajes que empiezan en el lóbulo de la oreja derecha y terminan en el dedo gordo del pie izquierdo. Por ahí circulan, contándole a quien quiera oírlas que siempre tuvieron talento para el arte y reventándote cada fiesta de amigos con sus ganas de cantar una de Patricia Sosa. Desde ahí te miran, con un rictus de cinismo que parece decir "pobre pendeja, ya vas a descubrir la verdad de la vida" mientras le dan una pitada a su cigarrillo imitando las poses más trilladas de la inolvidable Marlene Dietrich.
Y, mientras tanto, intentan demostrarte cuán superadas están exhibiendo el bretel del corpiño colorado, buscando levantarse al pibe más joven de la reunión o pidiéndole por favor al marido de la dueña de casa que se las coja por un ratito aunque sea porque no se bancan ni una noche más de depresión y soledad.
Hasta que un día cualquiera te las cruzás de la mano de un jovato generoso y las ves fingiendo que encontraron el amor eterno y tienen el descaro de decirte que armaron una familia después del primer fin de semana juntos porque "nacieron el uno para el otro". En el interín, vos no dejás de imaginarte qué sienten en verdad cuando tienen que ponerse de rodillas para chuparle los huevos caídos al sesentón que consiguieron en el último outlet para que las ayude con unos mangos a comprarle la ropa de 47 Street a la hija adolescente que sigue exigiendo como si el Titanic continuara en una sola pieza.
Divorciadas cool, pedazo de truchas del orto. Mentirosas de pacotilla, superadas de cotillón, Susanitas con camuflaje.
Péguense un tiro, imbéciles.
Y después llámenme a mí para apretar el botón que permite que el cajón pase de la sala de parientes derechito al crematorio.
No se imaginan cuántas ganas que tengo de verlas arder en algún penoso infierno.
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Referencia:
*"¿O le debo una disculpa?": La frase la dice Will Smith en Hombres de Negro después de haberse despachado a gusto diciendo todas las barbaridades que piensa al agente del gobierno que lo está sometiendo a examen. Men in Black, dir. Barry Sonnofeld, USA, 1997.